El S&P 500 y el Nasdaq 100 cerraron en máximos históricos. La narrativa oficial apunta a earnings sólidos — razones limpias para quien prefiere no mirar debajo del tapete.
Pero la curva lleva meses diciendo cosas que la prensa omite. Los múltiplos ya no reflejan el presente; especulan con un futuro que nadie ha confirmado. Hay algo en este rally que huele a posicionamiento de fin de trimestre — y no a fe ciega en los fundamentales.
Nadie pregunta quién está comprando estos niveles. Porque el que compra récords sin revisar el precio no está invertiendo — está jugando un juego cuyas reglas otros escribieron.
Las monedas de la región guardan su registro habitual. El peso opera donde opera. Y desde este pueblo que nadie nombra, observo cómo Wall Street celebra con la misma luz con la que uno ilumina una fiesta antes de que llegue el silencio.